jueves, 12 de junio de 2014
domingo, 1 de mayo de 2011
Una travesía del alma

Desde mi experiencia personal y profesional como terapeuta, creo que en temas amorosos, de pareja, de vínculos íntimos y a largo plazo es necesario llegar a un punto de inflexión en el cual nos cansamos de padecer. Es cuando con una mano en el corazón y desde lo más profundo de nosotros mismos decimos: "basta", "esto no lo quiero más" y entonces estamos verdaderamente dispuestos, decididos y abiertos a cambiar de actitud y explorar nuevos horizontes.
Cada día más hombres y mujeres, de diferentes edades, con distintas experiencias de vida se están animando a preguntarse cómo hacer para volver a encontrarse, para sanar esas heridas que tantas marcas dejaron en sus corazones como barreras en sus mentes. Cada día somos más las mujeres y los hombres decididos a dejar de ser espectadores somnolientos para convertirnos en lúcidos protagonistas de nuestras propias vidas. El trabajo -psicológico y espiritual- sobre nosotros mismos es el punto de partida de un viaje en el que nunca sabemos a ciencia cierta a dónde llegaremos. Sin embargo, en determinado momento, algo en nuestro interior nos impulsa irresistiblemente a embarcarnos.
Hoy quiero dedicarle este fragmento de “Fuego en el cuerpo” de Sam Keen a los varones, a todos esos hombres maravillosos que con tanta valentía y firmeza están abriéndose paso desde el centro de su esencia masculina para ir a nuestro encuentro, en esta travesía del alma.
“La mayoría de los hombres en cualquier sociedad se somete a los ritos de tránsito convencionales, gana la insignia de la masculinidad y se queda relativamente satisfecho. En épocas tranquilas la mayor parte de los hombres y de las mujeres no se hace preguntas importantes sobre su identidad; han sido marcados, adoctrinados y gobernados por estereotipos, modelos de conducta, imágenes heroicas y por la ideología convencional. (…) La mayor parte de la gente es relativamente inconsciente de las fuerzas que dan forma a su identidad.
Sin embargo, en toda sociedad hay hombres y mujeres extraordinarios que, por distintas razones, se apartan del consenso social, quebrantan las normas y desafían al status quo. Estos iconoclastas –profetas, rebeldes, revolucionarios, reformistas, chamanes, visionarios, místicos, artistas, locos, genios- agitan las aguas y perturban a la mayoría, pero dan a la sociedad nuevas energías creativas y suelen pagar muy caro el constituirse en la vanguardia de las nuevas formas de ser. Con frecuencia son solitarios, dolorosamente autoconscientes y más fuertes y más raros que las personas promedio.
En épocas turbulentas sólo hombres y mujeres extraordinarios cuestionan la noción de realidad socialmente aceptada, pero en tales momentos, el número de estos hombres y mujeres aumenta. Esta es, por supuesto, la situación actual, cantidades de personas reflexionan sobre los valores y las visiones con que viven mientras las naciones superdesarrolladas llegan al fin de la era industrial y las naciones subdesarrolladas comienzan a industrializarse. La proporción de cuestionadores, a nivel mundial, nunca fue tan grande como ahora. Hemos entrado en una época de grandes disturbios y de gran creatividad; la mayoría “normal” va haciéndose cada vez más reaccionaria en un esfuerzo por conservar los valores de una era que agoniza y la vía heroica se llena de individuos que buscan el camino hacia un futuro más esperanzado.”
lunes, 25 de abril de 2011
¿Me lo podés decir con amor?
Hace unos días, en una reunión padres del jardín de mi hijo, hablando acerca de esos aprendizajes que nos traen a diario nuestros niños con su sensibilidad, transparencia y apertura, una mamá compartía con una mezcla de orgullo y asombro una anécdota de su pequeño de 4 años. Qué importante es lo que les ofrecemos como ejemplo en nuestra vida cotidiana. Son como esponjitas. Energéticamente ellos absorben todo lo que les entregamos –sin filtro- cada día, a cada momento, ya sean palabras, expresiones, miradas. Las más dulces y bellas y las otras también.
Quiero compartirles este fragmento de un libro que se llama “Entre el éxtasis y la vida cotidiana” de Jack Kornfield, monje budista, doctor en Psicología Clínica y autor de varios libros. Habla acerca del respeto de padres a hijos como una perla que sienta las bases de la tolerancia y la apreciación por todos los seres humanos en la vida adulta. Lo hayamos recibido o no, nunca es demasiado tarde.
(…)“Toda persona es única y singular, expresa su propia naturaleza, incluso aquellos que son difíciles están viviendo de la mejor manera que saben vivir.
Esa noble apreciación entre adultos es la base de una sabia crianza de los hijos. Otra palabra para esta tolerancia es “respeto”.
A nuestros niños les importa mucho el respeto. Hasta los más pequeños quieren que se les respeten sus necesidades y sus miedos. Nuestros amantes, nuestros padres, nuestros compañeros de trabajo, los animales y los árboles a nuestros alrededor florecen con nuestro respeto. Ofrecer respeto es la base de ser padres como práctica espiritual. Sin conciencia y respeto sencillamente repetimos lo que nos hicieron a nosotros, actuamos de maneras condicionadas por nuestra propia crianza. Sin respeto continuamos los ciclos de heridas, vergüenza, indignidad, tensión o abandono que existieron en nuestro pasado.
Sin una perspectiva espiritual, el amor por cuidar que naturalmente todos los padres llevamos en el corazón puede verse superado por la velocidad y el materialismo de la vida moderna, por los valores invasivos de los medios, por las normas aceptadas de tensión y violencia. Sin una atención respetuosa, permitimos que los medios y las presiones modernas impongan en nuestros niños un crecimiento acelerado, olvidando proteger su dependencia y su vulnerabilidad. Perdemos la confianza de que los niños naturalmente se independizan a su debido tiempo. Sin atención a nuestros corazones nos volvemos como una generación de padres que seguían a los expertos populares y se negaban a amamantar o levantar a un niño que llora, aunque el sapientísimo instinto y el impulso de las células de sus cuerpos les pedían que abrazaran y consolaran a su hijo que sufría. Con respeto podemos ofrecerles a nuestros hijos una protección y una crianza sinceras, mientras que, al mismo tiempo estaremos poniendo los límites adecuados a su comportamiento. Nuestra enseñanza espiritual se transmitirá no sólo con palabras sino con la integridad de nuestra vida cotidiana, con la manera en que mostramos los valores más profundos de nuestro corazón.”
Espero les haya gustado y les haya tocado el corazón como a mí. Hasta la próxima!
lunes, 3 de enero de 2011
¿Qué necesitan nuestros bebés?

miércoles, 4 de noviembre de 2009
Madurar gracias al amor


El verdadero amor siempre exige una gran audacia. A pesar de que nos agradaría pensar en el amor sólo en términos de la luz que proporciona a nuestra vida, si no estamos también dispuestos a vernoslas con la oscuridad que esa misma luz pone en evidencia, nuestra alma se pierde la oportunidad de desplegarse y madurar. Intentar por todos los medios evitar esta tensión polar que reside en el núcleo de nuestra naturaleza-entre luz y sombra, expansión y contracción- sólo nos empobrece y nos debilita.
Reflexiones extraídas de "Amar y despertar" de John Welwood
lunes, 19 de octubre de 2009
El día de mamá, todos los días

A todas ellas, a mi querida madre y abuela que desde el cielo me acompañan y guían en esta búsqueda personal, desde lo más profundo de mi corazón: FELIZ DIA.
“Hacemos la revolución cada mañana cuando despertamos sudando envueltas en el cuerpo del niño pequeño. Cuando la divinidad femenina se hace presente a través del alimento que ofrecemos. Cuando organizamos los rituales familiares de comida, baño, limpieza, orden, palabras, explicaciones, verdades nombradas, diálogos abiertos, compresiones compartidas y sueños soñados. Cuando somos anfitrionas de las celebraciones. Cuando cada día compartido y cada noche de descanso hacen parte de la nutrición afectiva. Cuando brindamos porque estamos vivos. Cuando el poder susurrante del agua nos adormece y el poder hipnótico del fuego nos vitaliza.
Las madres hacemos la revolución cuando recuperamos nuestros rituales ancestrales, cuando defendemos los espacios íntimos, cuando hacemos silencio, cuando recordamos que somos la tierra y somos el cosmos. Cambiamos el mundo cuando conservamos el valor sagrado que tienen los pequeños actos de intercambio humano.
La revolución de las madres acontece cuando nos dejamos fluir por la energía de las trece lunas de cada año. Cuando nutrimos, alimentamos, sanamos, atendemos, esperamos y estamos abiertas y receptivas para con los demás.
No importa que hayamos tenido vidas difíciles. Cada día es una nueva oportunidad para mirar a un niño y saber que está deseoso de alimentarse con nuestra sustancia materna. Tampoco importa si se trata de un hijo propio o un hijo ajeno, porque ellos siempre permanecerán receptivos a los cuidados amorosos. Todos los niños saben que existe un ámbito generoso y caliente latiendo en el corazón de cada madre, potencialmente útil y nutritivo para ellos.”
viernes, 18 de septiembre de 2009
Las mujeres y el poder de la nutrición

miércoles, 16 de septiembre de 2009
En el filo de la navaja

Como ya casi todos sabemos, el nudo de nuestros dramas actuales comienza en la primera infancia, cuando en mayor o menor medida nos vemos empujados a cerrar gran parte de nuestro ser para establecer residencia en un pequeño espacio, en una sola habitación. Nuestro ego o personalidad condicionada no es otra cosa que una estrategia de adaptación a un mundo que parece no apoyar lo que realmente somos.
Wellwood lo explica así:
“Como una manera de defendernos contra el miedo de no ser nadie, por ejemplo, podríamos tratar de vernos grandes y duros. Decirnos a nosotros mismos, 'Este es quien soy: alguien que no tiene miedo, alguien que puede manejar cualquier cosa'. Si no somos capaces de manejar nuestro dolor o nuestra tristeza, podríamos desarrollar la identidad de 'una persona entusiasta y optimista', alguien que está por encima de tales sentimientos. O si nuestra necesidad de amor ha sido frustrada, podríamos construir una fachada que simule que no tenemos ninguna necesidad. Finalmente empezamos a creer que realmente no necesitamos amor. Y tales creencias crean una imagen distorsionada de la realidad: que es como un soñar despiertos o caer en un trance en el que llegamos a vivir.”
Así es como, en el mejor de los casos, llegamos a crear nuestro capullo protector en el que a lo largo de los años nos sentimos a salvo. Pero al mismo tiempo ese falso yo fabricado con imágenes congeladas y distorsionadas de nosotros mismos se vuelve una prisión, una jaula espiritual. Desde allí adentro se vuelve difícil enterarnos de quiénes somos realmente, poder expandirnos y vivir más libremente. Esa personalidad condicionada siempre oculta una sensación de deficiencia, de pérdida de contacto con nuestra totalidad y profundidad, con el sentido y la magia de la vida.
Cuando ese ser tan anhelado aparece en escena, se produce el sacudón. El alma se nos expande. Como dice Wellwood: Continuará..
viernes, 21 de agosto de 2009
Darse cuenta y espontaneidad

Ayer tuve la gracia de poder danzar*. En esta práctica meditativa, cuando ponemos en movimiento el cuerpo y lo dejamos libre por un ratito del dominio de la mente, suelen surgir interesantes “darse cuenta” o caída de fichas, como prefieran.
Una de las propuestas de la clase era ir al encuentro de la espontaneidad, eso que brota de nosotros cuando simplemente dejamos de intentarlo. En un ejercicio de a dos, la consigna fue: estar ahí, presentes, moviéndonos con nuestro propio ritmo, sin tratar de complacer al otro ni que el otro nos complazca.
Suena sencillo, pero... ¿Cuánta energía consumimos por día en el vano esfuerzo de hacer cosas para agradar a otros, para gustarles, para que piensen tal o cual cosa acerca de nosotros, para que nos acepten, nos valoren, nos amen...? ¿Cuánta frustración nos ahorraríamos si dejásemos de esperar que los demás “nos hagan” sentir determinadas cosas, que actúen de la manera que creemos nos hará felices, que dejen de hacer o ser eso que no nos gusta y tanto rechazamos??...
La oración de la gestalt es para mí como el abc de cualquier intento por clarificar esto que pasa en cualquier vínculo humano. Y reza así:
"Yo soy Yo.
Tú eres Tú.
Yo no estoy en este mundo para cumplir tus expectativas.
Tú no estás en este mundo para cumplir las mías.
Tú eres Tú.
Yo soy Yo.
Si en algún momento o en algún punto nos encontramos,
será maravilloso.
Si no, no puede remediarse.
Falto de amor a mí mismo,
cuando en el intento de complacerte me traiciono.
Falto de amor a ti,
cuando intento que seas como yo quiero,
en vez de aceptarte como realmente eres.
Tú eres Tú y Yo soy Yo.”
Fritz Perls
Cuando nos permitimos “soltar la cabeza” en nuestra relación con los demás y con nosotros mismos, surge la verdadera libertad para ser, así tal como somos, aquí y ahora. Se abre un espacio para la espontaneidad en cada encuentro con un otro. Recuperamos la liviandad y la frescura. Entonces la palabra “complacer” toma una nueva dimensión. Se transforma en un modo de estar y de dar diferente, de otra calidad. Esa clase de intercambio humano en la que nunca queda del todo claro quién está dando y quién recibiendo, porque los dos disfrutamos de eso que sucede. Como cuando hacemos el amor....con placer.
*danza de los 5 ritmos de Gabrielle Roth
