sábado, 17 de agosto de 2013

Tiempos de cambios y transformaciones...


"Si te has acostumbrado a pasar por una puerta, creas una especie de visión túnel: no puedes ver ninguna otra puerta. Sólo ves esa puerta, te vuelves inconsciente de las otras. Y cuando ésa puerta única se cierra entras en pánico a causa de tu visión túnel. El hombre que se está buscando a sí mismo tiene que aprender a abandonar la visión túnel, tiene que aprender a permanecer alerta y disponible a todas las posibilidades.
Si una puerta se cierra, diez puertas se abren inmediatamente para ti. Ésta no es una declaración filosófica, es simplemente un hecho. Pero tú sólo miras a través de tu pasado. Estás tan obsesionado por el pasado que no puedes ver que se están abriendo otras puertas. Ni siquiera puedes creer que hay otras puertas. Sólo conoces una puerta y esta se ha vuelto familiar para ti, te has habituado a ella. Ahora se cierra, y hay gran dolor, la agonía no está ocurriendo porque la puerta está cerrada, la agonía está ocurriendo porque tú tienes visión túnel. Permite que tus ojos sean un poco más amplios.
Las puertas viejas tienen que cerrarse, de no ser así, ¿cómo crecerás y ascenderás? Si sigues pasando siempre por la misma puerta, entonces no es posible la transformación. Las puertas deberán cerrarse para que te veas forzado a moverte desde un nuevo ángulo hacia una nueva dimensión. Es asi que cuando una puerta se cierra otras diez deben haberse abierto ... entonces empieza a mirar alrededor buscando las puertas que deben haberse abierto ... y esa es la única medicina ante el miedo. Eso es confianza .... confianza en la vida". 
Osho, Unión Mística (Ed. Luz de Luna)

jueves, 25 de abril de 2013

Nuestra niña interna



"Muchas nos criamos en familias disfuncionales, porque la sociedad moderna es disfuncional. Pero el viaje espiritual, la senda de recuperación y crecimiento personal, es un proceso de desintoxicación en el que sacamos y expulsamos creencias negativas que arrastramos desde el pasado y que envenenan nuestro presente. Después aprendemos a invocar la llama que arde dentro de nosotras, que no se ha apagado durante los años oscuros y difíciles. Por muy confundidas que hayamos estado, los ángeles nos protegían y amparaban. Nuestro espíritu no había muerto. Hay una fuerza natural dnetro de nosotras que se renueva constantemente, que todavía existe y ahora está a nuestra disposición, con independencia de lo que mamá haya hecho o dejado de hacer, de si papá nos quería o nos ignoraba, de si fracasamos o triunfamos en la vida. Yo llamo a ese sitio inocente dentro de cada mujer 'la niña perdida'. "

Marianne Williamson, "El valor de lo femenino"


Hoy en el grupo de encuentro de mujeres compartimos este texto como disparador de imagenes, sensaciones, recuerdos y vivencias vinculadas con nuestra "niña interna". Fue hermoso tenerlas un ratito de invitadas a esas pequeñas princesas que aún viven dentro de cada una de nosotras y tanto tienen para aportar a nuestro presente... 
Gracias por animarse a venir! 

miércoles, 7 de noviembre de 2012

La propia infancia



Alguna vez tendremos que reconocer la infancia real que hemos experimentado. Especialmente la distancia que hay entre aquello que nos aconteció y aquello que creemos recordar. El nivel de desamparo, soledad, desarraigo, violencia, abuso, mentiras, engaños, castigos o incomprensión al que hemos estado sometidos, va a marcar a fuego el modo en que hemos logrado sobrevivir en términos emocionales. Si no tenemos un panorama claro sobre las experiencias de nuestra niñez, difícilmente podamos comprender aquello que nos acontece hoy en día. Es indispensable que recordemos exactamente qué es lo que nuestra madre esperaba de nosotros. Qué hemos hecho con tal de ser amados. Hasta qué punto hemos entregado nuestros tesoros para satisfacción de los mayores. Precisamos registrar sensaciones sutiles, anhelos, fantasías, miedos o sueños inalcanzables para abordar una parte de ese niño que fuimos y del que hoy casi no quedan huellas. ¿Qué pasa si no tenemos ningún recuerdo? Es frecuente. El olvido es un recurso fabuloso de la consciencia. Si cuando fuimos niños, hemos vivido situaciones demasiado dolorosas (abandono por parte de nuestra madre, desprecio, falta de amor, exigencias desmedidas, soledad o lo que sea) la conciencia “olvidará” esas escenas. Una vez borradas, podremos seguir viviendo. Sin embargo, las experiencias no desaparecen, sino que se alojan en un lugar invisible, que Freud llamó el “inconsciente” y que luego Jung llamó la “sombra”. Ese “lugar invisible” podemos imaginarlo como el “detrás del telón” del escenario de un teatro. Desde ese sitio escondido, hacen estragos. Por eso es importante –cuando estamos atravesando alguna crisis vital- tratar de recuperar “esos” recuerdos que traen información muy valiosa sobre lo que nos sucedió. Y reflexionar también sobre qué es lo que hicimos a partir de eso que nos sucedió. ¿Es importante recordar esas cosas? Sí, claro. Tan importante como caminar por las calles sin tener los ojos vendados. Andar ciegos respecto a todo aquello que nos ha acontecido nos deja inválidos. Por lo tanto, expuestos a todo tipo de accidentes emocionales. ¿Sirve evocar la propia infancia cuando tenemos hijos? Más que nunca. Porque no podremos comprender, percibir ni compadecer a un hijo; si antes no hemos retomado el contacto íntimo con el niño que hemos sido.

Laura Gutman