jueves, 25 de abril de 2013
Nuestra niña interna
"Muchas nos criamos en familias disfuncionales, porque la sociedad moderna es disfuncional. Pero el viaje espiritual, la senda de recuperación y crecimiento personal, es un proceso de desintoxicación en el que sacamos y expulsamos creencias negativas que arrastramos desde el pasado y que envenenan nuestro presente. Después aprendemos a invocar la llama que arde dentro de nosotras, que no se ha apagado durante los años oscuros y difíciles. Por muy confundidas que hayamos estado, los ángeles nos protegían y amparaban. Nuestro espíritu no había muerto. Hay una fuerza natural dnetro de nosotras que se renueva constantemente, que todavía existe y ahora está a nuestra disposición, con independencia de lo que mamá haya hecho o dejado de hacer, de si papá nos quería o nos ignoraba, de si fracasamos o triunfamos en la vida. Yo llamo a ese sitio inocente dentro de cada mujer 'la niña perdida'. "
Marianne Williamson, "El valor de lo femenino"
Hoy en el grupo de encuentro de mujeres compartimos este texto como disparador de imagenes, sensaciones, recuerdos y vivencias vinculadas con nuestra "niña interna". Fue hermoso tenerlas un ratito de invitadas a esas pequeñas princesas que aún viven dentro de cada una de nosotras y tanto tienen para aportar a nuestro presente...
Gracias por animarse a venir!
miércoles, 7 de noviembre de 2012
La propia infancia
Alguna vez tendremos que reconocer la infancia real que hemos experimentado. Especialmente la distancia que hay entre aquello que nos aconteció y aquello que creemos recordar. El nivel de desamparo, soledad, desarraigo, violencia, abuso, mentiras, engaños, castigos o incomprensión al que hemos estado sometidos, va a marcar a fuego el modo en que hemos logrado sobrevivir en términos emocionales. Si no tenemos un panorama claro sobre las experiencias de nuestra niñez, difícilmente podamos comprender aquello que nos acontece hoy en día. Es indispensable que recordemos exactamente qué es lo que nuestra madre esperaba de nosotros. Qué hemos hecho con tal de ser amados. Hasta qué punto hemos entregado nuestros tesoros para satisfacción de los mayores. Precisamos registrar sensaciones sutiles, anhelos, fantasías, miedos o sueños inalcanzables para abordar una parte de ese niño que fuimos y del que hoy casi no quedan huellas. ¿Qué pasa si no tenemos ningún recuerdo? Es frecuente. El olvido es un recurso fabuloso de la consciencia. Si cuando fuimos niños, hemos vivido situaciones demasiado dolorosas (abandono por parte de nuestra madre, desprecio, falta de amor, exigencias desmedidas, soledad o lo que sea) la conciencia “olvidará” esas escenas. Una vez borradas, podremos seguir viviendo. Sin embargo, las experiencias no desaparecen, sino que se alojan en un lugar invisible, que Freud llamó el “inconsciente” y que luego Jung llamó la “sombra”. Ese “lugar invisible” podemos imaginarlo como el “detrás del telón” del escenario de un teatro. Desde ese sitio escondido, hacen estragos. Por eso es importante –cuando estamos atravesando alguna crisis vital- tratar de recuperar “esos” recuerdos que traen información muy valiosa sobre lo que nos sucedió. Y reflexionar también sobre qué es lo que hicimos a partir de eso que nos sucedió. ¿Es importante recordar esas cosas? Sí, claro. Tan importante como caminar por las calles sin tener los ojos vendados. Andar ciegos respecto a todo aquello que nos ha acontecido nos deja inválidos. Por lo tanto, expuestos a todo tipo de accidentes emocionales. ¿Sirve evocar la propia infancia cuando tenemos hijos? Más que nunca. Porque no podremos comprender, percibir ni compadecer a un hijo; si antes no hemos retomado el contacto íntimo con el niño que hemos sido.
Laura Gutman
sábado, 20 de octubre de 2012
Celebrar la maternidad
El haber atravesado siendo muy chica la experiencia de perder a mi mamá hizo que creciera con un gran anhelo de reencuentro en el corazón. El amparo y la amorosa entrega de mi abuela materna durante mi infancia fueron un regalo del universo que, pese a todo lo que después sobrevino, dejó entreabierta una puertita hacia la más pura esencia de mi ser maternal.
Unos cuantos años más tarde, gracias a este ser maravilloso que me eligió como su primera guía en la Tierra y a su papá, que supo ser el más amoroso y fiel compañero, floreció en mí y me zambullí de cabeza (más bien diría, "sin") en el arte de maternar, atravesando sombras, miedos, creencias y obstáculos que generalmente son los que nos alejan de nuestro verdadero ser y de la invaluable oportunidad de expandir hacia el infinito nuestra humana capacidad de amar.
En este día de recuerdos, homenajes y festejos, quiero agradecerles -una vez más- a todos los que a su manera y desde su lugar, acompañaron, facilitaron, sustuvieron e hicieron posible este despertar en mi vida y que, de diferentes formas, continúan haciéndolo. Familia, amigo/as, maestro/as, terapeutas. Y también a las valiosas y valientes mujeres que hoy me permiten acompañarlas como una guía terapéutica y del alma en sus propios viajes de transformación.
Mi deseo es que tengamos todos un Feliz Día de la Madre, y que podamos celebrar juntos a ese ser maternal, amoroso, contenedor y nutritivo que, más allá de toda herida, está esperándonos siempre para abrazarnos en nuestro corazón.
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