miércoles, 7 de noviembre de 2012

La propia infancia



Alguna vez tendremos que reconocer la infancia real que hemos experimentado. Especialmente la distancia que hay entre aquello que nos aconteció y aquello que creemos recordar. El nivel de desamparo, soledad, desarraigo, violencia, abuso, mentiras, engaños, castigos o incomprensión al que hemos estado sometidos, va a marcar a fuego el modo en que hemos logrado sobrevivir en términos emocionales. Si no tenemos un panorama claro sobre las experiencias de nuestra niñez, difícilmente podamos comprender aquello que nos acontece hoy en día. Es indispensable que recordemos exactamente qué es lo que nuestra madre esperaba de nosotros. Qué hemos hecho con tal de ser amados. Hasta qué punto hemos entregado nuestros tesoros para satisfacción de los mayores. Precisamos registrar sensaciones sutiles, anhelos, fantasías, miedos o sueños inalcanzables para abordar una parte de ese niño que fuimos y del que hoy casi no quedan huellas. ¿Qué pasa si no tenemos ningún recuerdo? Es frecuente. El olvido es un recurso fabuloso de la consciencia. Si cuando fuimos niños, hemos vivido situaciones demasiado dolorosas (abandono por parte de nuestra madre, desprecio, falta de amor, exigencias desmedidas, soledad o lo que sea) la conciencia “olvidará” esas escenas. Una vez borradas, podremos seguir viviendo. Sin embargo, las experiencias no desaparecen, sino que se alojan en un lugar invisible, que Freud llamó el “inconsciente” y que luego Jung llamó la “sombra”. Ese “lugar invisible” podemos imaginarlo como el “detrás del telón” del escenario de un teatro. Desde ese sitio escondido, hacen estragos. Por eso es importante –cuando estamos atravesando alguna crisis vital- tratar de recuperar “esos” recuerdos que traen información muy valiosa sobre lo que nos sucedió. Y reflexionar también sobre qué es lo que hicimos a partir de eso que nos sucedió. ¿Es importante recordar esas cosas? Sí, claro. Tan importante como caminar por las calles sin tener los ojos vendados. Andar ciegos respecto a todo aquello que nos ha acontecido nos deja inválidos. Por lo tanto, expuestos a todo tipo de accidentes emocionales. ¿Sirve evocar la propia infancia cuando tenemos hijos? Más que nunca. Porque no podremos comprender, percibir ni compadecer a un hijo; si antes no hemos retomado el contacto íntimo con el niño que hemos sido.

Laura Gutman

sábado, 20 de octubre de 2012

Celebrar la maternidad


El haber atravesado siendo muy chica la experiencia de perder a mi mamá hizo que creciera con un gran anhelo de reencuentro en el corazón. El amparo y la amorosa entrega de mi abuela materna durante mi infancia fueron un regalo del universo que, pese a todo lo que después sobrevino, dejó entreabierta una puertita hacia la más pura esencia de mi ser maternal.


Unos cuantos años más tarde, gracias a este ser maravilloso que me eligió como su primera guía en la Tierra y a su papá, que supo ser el más amoroso y fiel compañero, floreció en mí y me zambullí de cabeza (más bien diría, "sin") en el arte de maternar, atravesando sombras, miedos, creencias y obstáculos que generalmente son los que nos alejan de nuestro verdadero ser y de la invaluable oportunidad de expandir hacia el infinito nuestra humana capacidad de amar.


En este día de recuerdos, homenajes y festejos, quiero agradecerles -una vez más- a todos los que a su manera y desde su lugar, acompañaron, facilitaron, sustuvieron e hicieron posible este despertar en mi vida y que, de diferentes formas, continúan haciéndolo. Familia, amigo/as, maestro/as, terapeutas. Y también a las valiosas y valientes mujeres que hoy me permiten acompañarlas como una guía terapéutica y del alma en sus propios viajes de transformación.


Mi deseo es que tengamos todos un Feliz Día de la Madre, y que podamos celebrar juntos a ese ser maternal, amoroso, contenedor y nutritivo que, más allá de toda herida, está esperándonos siempre para abrazarnos en nuestro corazón.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Doulas: sostén y acompañamiento amoroso



Una doula es una mujer que acompaña a otras mujeres en el maravilloso e intenso viaje de la maternidad. Su función es la de brindar apoyo, orientación y acompañamiento, tanto a nivel físico como emocional y espiritual, durante todo el proceso de gestación, desde de la concepción y más allá de la crianza.

Desde su experiencia, saberes y conexión con la  sensibilidad femenina, ofrece a la mujer distintas alternativas para poder vivenciar el embarazo de una manera más consciente, plena y saludable. Para ello se ocupa de acercarle toda la información necesaria, despejar prejuicios y liberar temores innecesarios, alentándola siempre a confiar en la sabiduría de su propio cuerpo y animándola a ser la protagonista de ese gran momento junto con el nuevo ser en camino. 

Una doula ofrece un sostén para la mamá y, si así lo desean ambos, para la pareja de padres, facilitando esa conexión con la Madre que late en el interior de cada mujer y, que más allá de cualquier circunstancia, siempre resulta ser la mejor mamá para ese bebé.

Lic. Analía Arrighi
Psicóloga especializada en Parejas, Maternidad y Crianza.
(15) 3281-7298
Atención en consultorio (Zona Norte) y a domicilio. 
Grupos de Mujeres. Talleres para padres y embarazadas.  


jueves, 22 de marzo de 2012

Círculo de Parejas



Un tiempo diferente 
para profundizar el encuentro,
nutrirnos y adentrarnos juntos 
en el sendero sagrado de la pareja.

Una oportunidad para abrirnos 
a una Conciencia y un Amor más amplios,
 partiendo de una conexión profunda con nosotros mismos y desde ahí, 
ir al encuentro con nuestra pareja.

Jueves 29/3, 19.30hs., en Espacio "El Cuenco" 
(Florida - Vte. López)

Consultas e inscripción: circulodeparejas@gmail.com

Facilitan: Raquel Gyurkovits-Rodo Jarrin y 
Analía Arrighi-Ariel Baider